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Feminismo e ilustración

Feminismo e ilustración

Si no entendí demasiado mal, el editorial de la revista Revolución Neolítica núm. 4 se preguntaba sobre la actualidad de los valores de la revolución francesa (libertad, igualdad y fraternidad), y sobre la posibilidad de que revoluciones o cambios paulatinos logren desarrollar esos valores en el futuro. Los movimientos de protesta estudiantiles y obreros (no se menciona el movimiento feminista) de los 60 y principios de los 70 del siglo XX, serían, en este sentido, una oportunidad perdida. La esperanza de cambio se situaría entonces en “futuras generaciones sin mácula alguna”, que “volverían a la carga para intentar una nueva revolución”, y también en revoluciones provenientes del seno de los países oprimidos.

No voy a detenerme a describir el potencial revolucionario, libre de mácula, que el movimiento feminista tiene, aquí y ahora, para cambiar las cosas, para convertir en placer el dejar de evadirnos de la realidad que nos oprime. Sí que quisiera en cambio dar unos apuntes sobre otra gran -más bien enorme- oportunidad perdida, una etapa de la historia y de la literatura que no desconocemos por casualidad, pero que tampoco por desconocida y olvidada deja de ser importante, al menos para nosotras.

El movimiento feminista moderno tiene su origen en la ilustración. Amelia Valcárcel dice que el feminismo es el “hijo no deseado de la ilustración”, en el sentido de que fue una especie de accidente, una parte de las ideas ilustradas cuya “paternidad” no se quería reconocer. También lo han llamado “el punto ciego de las luces”, el lugar que quedó opaco.

A pesar de que no se hable de ellas en los libros de historia, las mujeres participaron activamente en todas las etapas y procesos –siempre que les dejaron, y cuando, no, también- del período revolucionario francés de finales del XVIII. Estaban inmersas en una sociedad que se presentaba a sí misma en proceso constituyente, y, lógicamente, querían participar en la construcción de esa nueva sociedad. Las mujeres lucharon en distintos frentes, demostrando, además, que había un interés común a todas ellas por mejorar su situación, ya fueran campesinas, nobles o burguesas. Uno de los episodios más conocidos es el de la marcha de las mujeres a Versalles en protesta por el encarecimiento del pan el 5 de octubre de 1789.

Entre 1789 y 1793 las mujeres articularon sus voces para reclamar públicamente sus derechos. Mademoiselle Jodin dirigió en 1790 a la Asamblea Nacional un Proyecto legislativo para las mujeres, y Olympe de Gougues escribió en 1791 la Declaración de derechos de la mujer y de la ciudadana.

Un espacio importante de participación política de las mujeres fueron los Cuadernos de quejas. La Declaración de de los derechos del hombre y del ciudadano, el 26 de agosto de 1789, era lo suficientemente ambigua para alimentar la polémica sobre si las mujeres eran también sujetos de los nuevos derechos. Ellas utilizaron los cuadernos de quejas para su propia defensa. Religiosas, nobles y del tercer estado, todas dejaron constancia de sus reivindicaciones. Estás últimas pedían “ser instruidas, poseer empleos, no para usurpar la autoridad a los hombres, sino para ser más estimadas; para que tengamos medios de vivir al amparo del infortunio (…). Os suplicamos, Señor, que establezcáis escuelas gratuitas en las que podamos aprender los principios de nuestra lengua, la religión y la moral (…). Pedimos salir de la ignorancia, dar a nuestros hijos una educación acabada y razonable para formar siervos dignos de serviros.” (Cristina Sánchez, “Genealogía de la vindicación”)

Desde que comenzaron a redactarse los cuadernos de quejas en la primavera de 1789, las mujeres tuvieron problemas para ser aceptadas en las asambleas electorales. La decepción que eso les supuso, unida a la esperanza de hacer oír su voz, es perceptible en los cuadernos que redactaron.

Otro curioso espacio en el que estaban las mujeres y que es característico de la ilustración es el salón. Los salones, como espacios semipúblicos de discusión, surgieron en París en el siglo XVII y a lo largo del XVIII se extendieron también a Londres y Berlín. Se dice que eran espacios intermedios entre la esfera pública y la privada, porque a pesar de ocurrir en casas particulares tenían fuertes connotaciones públicas, ya que en ellos “se gestaba buena parte de la cultura y la política del momento” (Cristina Sanchez, “Genealogía de la vindicación”). Las mujeres tenían un papel fundamental como anfitrionas, moderadoras y oradoras. Las salonnières (Ninon de Lenclos, Marie du Defand, Germaine Staël) invitaban a sus salones a los filósofos de la época : Voltaire, Hegel, Diderot o D’Alembert. Las salonnières transgredían la actuación social que se esperaba de ellas, y manifestaban libremente tanto su sexualidad como sus conocimientos científicos y filosóficos. Dice Olivia Blanco que los salones constituían un fenómeno “urbano, laico e igualitario”, y que en ellos se difundió “la idea de una aristocracia del espíritu basada en la idea de mérito que no necesariamente coincidía con la aristocracia de sangre”. Sin embargo, esa libertad no consiguió traspasar el ámbito del salón, y según cuenta Cristina Sánchez, “los ideales de domesticidad terminaron imponiéndose”.

Una de las grandes heroínas de esta romántica y triste “ilustración olvidada” es Olympe de Gouges. De nacimiento Marie Gouze, vino al mundo en Montauban en 1748, hija de una familia de carniceros. Se casó a los 16 años. En 1790 se trasladó a París, donde escribió numerosas obras de teatro. Fue monárquica moderada hasta la huida a Varennes, para convertirse luego en republicana. Murió decapitada en 1793. Su Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana es una preciosa radicalización de la Declaración de derechos del hombre, que proclama la universalización de los derechos.

Sin embargo, Olympe de Gouges no creía que mujeres y hombres fueran iguales; pensaba que había 2 naturalezas distintas, y que la de las mujeres era superior: “De París a Perú, del Japón hasta Roma. El animal más tonto, según mi opinión, es el hombre.” (Olympe de Gouges, “Los derechos de las mujer y de la ciudadana”, 1791) Esa convicción de las dos naturalezas es palpable en el texto que precede a su declaración. De Gouges se dirige a la reina Antonieta para pedirle que emplee “toda su autoridad” en el regreso de los príncipes. En ese “toda su autoridad” de Gouges se refiere a la autoridad de madre y esposa. Un poco más abajo, justo antes de la declaración, encontramos un revolucionario y desafiante poema, en el que nuestra heroína cyborg interroga al Hombre con mayúsculas:

"Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Es una mujer quien te hace la pregunta; no le quitarás, al menos, este derecho. Dime ¿quién te ha dado el soberano poder de oprimir mi sexo? ¿Tu fuerza? ¿Tu talento? Observa al creador en su sabiduría; recorre la naturaleza en toda su grandeza; a la que pareces querer aproximarte, y dame, si te atreves, el ejemplo de este poder tiránico. Remóntate hasta los animales, consulta los elementos, estudia los vegetales, echa finalmente una ojeada a todas las modificaciones de la materia organizada; y ríndete a la evidencia cuando te ofrezco los medios; busca, hurga y distingue, si puedes, los sexos en la administración de la naturaleza. Por todas partes los encontrarás confundidos, por todas partes cooperan como un conjunto armonioso en esta obra maestra inmortal.

Sólo el hombre ha tramado un principio de esta excepción. Extravagante, ciego, hinchado de ciencias y degenerado, en este siglo de luces y de sagacidad, en la más crasa de las ignorancias, quiere mandar como un déspota sobre un sexo que ha recibido todas las facultades intelectuales; pretende disfrutar de la revolución y reclamar sus derechos a la igualdad, por no decir nada más."

Valiéndose del esquema de la declaración de derechos del hombre, la autora reclama para las mujeres los mismos derechos, y algunos más específicos. Por ejemplo, en el artículo XI, que se refiere a la libertad de expresión, dice que las ciudadanas tendrán la libertad específica de desvelar y reclamar la paternidad de sus hij@s, asunto importante para las mujeres de la época.

Pero para desgracia de todas, lo único que se cumplió de la declaración de Olympe fue una frase del artículo X: “la mujer tiene derecho a subir al cadalso”. Olympe fue condenada a la guillotina por un panfleto titulado Las Tres Urnas, en el que pedía un plebiscito nacional para elegir entre gobierno republicano unitario, federación o monarquía. Desde la cárcel siguió escribiendo panfletos en los que criticaba duramente la dictadura de Robespierre. El 3 de noviembre de 1793 fue decapitada. María Antonieta y Madame Roland corrieron la misma suerte. A pesar de que poco tenían que ver unas con otras excepto el hecho de ser mujeres, la prensa las consideró iguales (¿o idénticas?): María Antonieta fue “mala madre” y “esposa disoluta”, Olympe de Gouges había nacido con una “imaginación exaltada”, en su delirio,”había querido ser hombre de estado olvidando las virtudes que corresponden a su sexo”. Madame Roland era un monstruo por “querer elevarse por encima de su naturaleza y ser sabia” (De Le Moniteur, 19 de noviembre de 1793)

Aquí acaba el sueño de las primeras feministas ilustradas. El 20 de octubre de 1793 se prohibieron los clubs y sociedades populares femeninas, y en 1795, un decreto prohibió la participación política de las mujeres.

La reacción misógina posterior fue impresionante. El hijo no deseado estaba ahí, y había que hacer algo con él. El feminismo fue la primera crítica a la ilustración desde la misma ilustración. Los padres patriarcales  necesitaban contestar a las feministas ilustradas, que habían hecho suyas las potencialidades emancipadoras de la ilustración. Atentos a la salvaguarda de un sistema de poder masculino, los ilustrados se agarraron a la naturalización de las diferencias de sexo. No éramos animales, pero tampoco humanas. 

En la Enciclopedia, que se editó entre 1751 y 1772, encontramos una definición de mujer “desde la moral”: "La naturaleza ha puesto de un lado la fuerza y la majestad, el coraje y la razón, y del otro, las gracias y la belleza, la fineza y el sentimiento. (…) Los hombres han aumentado su poder natural por las leyes que han dictado; las mujeres han aumentado el precio de su posesión por la dificultad de obtenerla." Simone de Beauvoir diría que eso es simple mala fe de los hombres hacia las mujeres: “les amputan su libertad (…) y luego se quejan de que vuelvan contra ellos las armas del débil” (S. de Beauvoir, “El segundo sexo” 1949)

Pero tenían que pasar casi 200 años para que se escribiera eso, aún quedaba mucha literatura misógina que añadir, por ejemplo la de Rousseau. Él, que en su Discurso sobre el origen y el fundamento de la desigualdad entre los hombres hacía una crítica radical de la desigualdad social, política y económica, fue uno de los más firmes defensores de la desigualdad entre los sexos, y uno de los inventores de la dicotomía público/privado. La tarea “natural” para las mujeres es ser madres y esposas, y su espacio “natural” el doméstico, el privado, mientras que el espacio público se reserva en exclusiva para los hombres. En “Emilio o la educación”, Rousseau hace un brutal ataque a la posibilidad de que las mujeres reciban educación:

"Preferiría cien veces una muchacha simple y educada toscamente que una muchacha sabia e instruida que viniera a establecer en mi casa un tribunal de literatura del que ella se constituyera en presidente. Una marisabidilla es el azote de su marido (…). Todas esas mujeres con grandes talentos no influyen sino en los necios (…). Toda esa charlatanería es indigna de un mujer honesta (…). Su dignidad es ser ignorada; su gloria está en la estima de su marido; sus placeres están en la felicidad de su familia. (…) Toda joven literata quedará soltera de por vida cuando sobre la tierra no haya más que hombres sensatos"

En esa misma obra, Rousseau responde al filósofo Poulain de la Barre, que afirmaba que la proclamación de la inferioridad de la mujer respondía a prejuicios sociales, pero le responde haciendo gala de un más que dudoso “talante”, ya que Rousseau se resiste a nombrar a De la Barre, ocultando así su referente polémico: “Cuando la mujer se queja de la injusta desigualdad en que le ha puesto el hombre, comete un error; esta desigualdad no es una institución humana, o al menos no es obra del prejuicio, sino de la razón.” (Jean-Jacques Rousseau, "El Emilio o de la educación", 1762)

El argumento de Poulain de la Barre se parecía al que utilizaban los denostados sofistas griegos, que oponían nomos (leyes) a pshysis (naturaleza). Los sofistas se oponían al fundamento natural de las leyes, que consideraban convenciones sociales que servían precisamente para superar la ley del más fuerte. La ilustración sofística, según dice Amelia Valcárcel en “Sexo y Filosofía”, “produce el pensamiento de la igualdad entre los sexos (…) o la absurdidad de la esclavitud como uvas del mismo racimo que se reclaman unas a otras. Sin embargo, conocemos mejor la reacción adversa que producen (…).” También de la Barre pensaba que la desigualdad social entre mujeres y hombres no era consecuencia de una desigualdad natural, sino que era la propia desigualdad política y social la que producía teorías sobre la inferioridad femenina.

Pero, como decimos, Rousseau y muchos más pasan como una apisonadora sobre todo esto, y proclaman que la mujer es "naturaleza por naturaleza". Las nuevas leyes se presentan como leyes naturales, que emanan de la naturaleza. La sumisión de las mujeres es una de esas leyes, y por tanto la política no puede contradecirla. Así, las mujeres se tendrán que conformar con el dudoso honor de ser virtuosas esposas y madres de virtuosos ciudadanos. Como dice Cristina Molina Petit, “la mujer es, una vez más, la condición de posibilidad para que el varón entre en lo público.”  Vamos, ¡que para rato sería Napoleón el mismo si hubiera tenido que plancharse él la ropa y prepararse las comidas!

Para terminar de explicar esta triste y olvidada historia, hablaremos del remate final que la misoginia romántica dará al decapitado hij@ no deseado de la ilustración. Los filósofos más representativos de esta misoginia son Schopenhauer y Kierkegaard, que atacarán la apropiación por parte de las mujeres de las potencialidades emancipadoras de la ilustración. Las mujeres, al pertenecer a ese estado intermedio de animalidad y humanidad descrito por los ilustrados, carecemos de individualidad, de ahí que Kierkegaard diga “en las especies animales no hay individuos”. Hegel habría preferido practicar la zoofilia antes que admitir la individualidad de las mujeres: “En el hombre, lo esencial es lo esencial y, en consecuencia, todos los hombres serán siempre iguales unos a otros. En la mujer, en cambio, lo accidental es lo esencial (…). La mujer es una criatura infinita y en consecuencia, un ser colectivo: la mujer encierra en sí todas las mujeres.”

La reacción misógina romántica luchará contra la individuación femenina de dos maneras: idealizando a la Mujer y estereotipándola a través de la literatura, o describiéndola en los términos peyorativos que acabamos de ver en los libros de filosofía.

Todos estos constructos teóricos influyeron en las leyes, en el reparto del trabajo, y en la forma de actuar y de ser de las mujeres de las siguientes generaciones, y sus tentáculos llegan hasta nosotr@s. Aún hoy se recurre con frecuencia a la naturalización de las diferencias para justificar políticas discriminatorias, y muchas convenciones de origen social se disfrazan de naturales.

La ilustración fue pues, una enorme oportunidad perdida para las mujeres, ya que se les negó el derecho a ser ciudadanas; en definitiva, el derecho a ser personas.

NOTA: Este artículo está basado en los apuntes de Teoría Feminista elaborados por Tere Maldonado para la III edición del Mater de igualdad entre mujeres y hombres de la UPV/EHU. La mayoría de las citas provienen pues, de esos apuntes. 


 

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3 comentarios

uno_de_Gatza -

Yo he leido el post, y basicamente no he escrito nada porque no sabía qué bifurcaciones podría tomar los comentarios venideros... pero bueno, ya que estoy, dos cositas:
La omisión del feminismo en la editorial es involuntaria (aunque quizás no tanto). El fragmento donde se señalan diversos movimientos estudiantiles y obreros lo tomé, como explico, del libro de Alex Canillicos. Asi que en primera instancia él es el que lo omite. Aún así lo podría haber añadido por mi cuenta. No lo hize. ¿El motivo? supongo que por desconocimiento (del movimiento feminista) y por no verlo necesario. Ni me lo plantee. Al igual que dejé fuera otros movimientos (raciales...). Esos eran unos ejemplos, ¿que podría haber puesto otros? supongo que sí.

La otra "cosita" es la utilización que haces de ese libre de mácula. Quizás sea una casualidad pero usas las mismas palabras que yo en la editorial (como muy bien citas) aunque con otra significación (repito no se si consciente o inconscientemente). Cuando me refería a generaciones futuras libres de mácula... libres de aquel supuesto fracaso que plantea Canillicos en su libro. Y a lo que achaca esa sensación de derrotismo. Pues bien, el feminismo (desde ese punto de vista) no está libre de mácula.
Por lo demás, nada que achacar al texto. De sobra es sabida la misoginia de muchos filósofos y del ostracismo al que se encerró a la mujer (aunque esté de sobra nunca está demás recordarlo)
Sin intención de crear polémica (raro en mi pero es que estoy con el estómago vacio) no tengo ná mas que decir.

placida -

Sería políticamente incorrecto que me quejara de la falta de posteos; será que la gente estaba ociosa y no le apetecía ponerse con este texto....

Ahora, cuando se trata de defender a Reverte....

Vaya, esta muy bien esto de "salir del salon", me gusta! Tenemos que salir del salón, sobre todo del de belleza ;P y también de la cocina, del hospital, de la iglesia, y sobre todo de las estrecheces mentales a las que nos han confinado!!! Barricadas mentales, disturbios conceptuales! SI!!!

Gracias por la foto de las sufragistas, es muy bonita! VOTES FOR WOMEN!!!! ;DDDDD*

Matilde Selavy -

AURRERA PLACiDAAAAAAAAH!

Me entusiasma ver como cuando alguien escribe unos comprometidos, elaborados y largos textos y los cuelga en su "Blog" el indice de comentarios o posts disminuye altamente..
quizás es tiempo de que popularizemos el termino "salir del salón" (igual que los mass-media han democratizado terminos tan mal sonantes como: "salir del armario" o "fashion")!!!!

SEÑORiTAS/ SEÑÑORAS/ MUJERES!! SALGAN DEL SALÓN!
PiNTEN LAS CALLES, CONSTRUYAN BARRiCADAS MENTALES, PROVOQUEN DiSTURBiOS CONCEPTUALES!!!! Como diría Hakim BEy, practiquen el "Terrorismo Poético"!!! La Revolución murió en Francia del siglo.18!!!
ADELANTE COMPAÑER@S!!!!

portzierto,me encanta la siguiente frase como "slogan" para pegatas, carteles o camisetas!
;D


"Hegel habría preferido practicar la zoofilia antes que admitir la individualidad de las mujeres"...
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