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el blog de placido :-)

Carmen Torres Ripa

Carmen Torres Ripa Hoy me acuerdo de Carmen. De nuestro encuentro en el país de la reina de Saba, de los cuentos, de los números, de las coincidencias mágicas. De ella.

Voy a explicarlo un poquito: yo era fan de Carmen por la radio. Cuando trabajaba en horario de tarde, de vuelta a casa, en el coche, escuchaba la tertulia de radio Euskadi, Ganbara. Había una pequeña sección llamada "Posdata", en la que distintos autores pronunciaban una especie de columna sonora. Los martes o miércoles, no recuerdo cuándo, emitían la "posdata" de Carmen. Me encataba el tono de su voz, lo que decía y cómo lo decía. Semana tras semana, fui conciéndola un poco mejor. Supe que aborrecía al PP en una bella "posdata" en la que se quejaba de que esta organización tomara como logotipo la gaviota, un animal querido por ella; supe que era abuela, porque hablaba de sus nietos, y de pronto, un día, supe que era una persona que había sufrido mucho. Ese día me quedé pegada a la radio. Una fecha nos unía: el 28 de junio. Lloré escuchándola. Pensé en buscarla, en escribirle, en ponerme en contacto con ella inmediatamente. Busqué en internet, pero no encontré la forma de contactar con ella.

Un día, hablando con mi tía, le dije que admiraba a una escritora llamada Carmen Torres Ripa, y me contestó: "¡Pero si es amiga mía!" Unas semanas más tarde, me enteré de que vendría al viaje que haríamos a Yemen (aquí hay fotos del viaje en Flickr).

Y allí la conocí, por fin. No hablaba mucho, ni me hacía demasiado caso. Al principio me pareció hasta un poco antipática. Después fui "pillándole el punto". Carmen es una mujer que escribe maravillosamente, pero no habla mucho. Todo lo soluciona con frases cortas, por ejemplo: "¡qué asco!" :DDDDD

Intenté llamar su atención hablando de cosas que le pudieran interesar, y poco a poco fue fijándose en mi. Una noche, en Mukalla, celebramos una cena al aire libre con músicos y bailarines yemenís. Carmen estaba guapísima con su moño rubio y sus joyas. Me preguntó si tenía novio :DDDDD Hablamos y hablamos. Las confidencias continuaron las siguientes noches, y por fin le hablé del 28 de junio, y de cómo había llorado escuchándola en la radio. Se emocionó muchísimo, me abrazó y dijo que el destino nos había unido a las dos.

Después de este viaje indescriptible que hicimos, en Navidad recibí un paquete de Bilbao. Carmen me mandaba su novela Leonora, con la que estuvo a punto de ganar el premio Planeta, dedicada por ella. Es extraño leer un libro de tanta calidad y conocer íntimamente a la autora. Extraño y precioso.

Más tarde me di cuenta de otra cosa: un día, mientras comía en la cocina, mirando tontamente el libro que estaba posado en alguna parte, leí el nombre escrito en las tapas: Carmen Torres. Y recordé a mi madre pronunciando ese nombre cuando yo era pequeña. Carmen siempre había estado ahí.

Necesito leer más cosas de Carmen. Ella escribe en el diario Deia, así que me he suscrito a la edición digital, y voy a piratear un artículo suyo para que lo leáis, espero que no me encierren por esto!!!!

Yo estaba en ése avión, y vi a Carmen hablando con el arqueólogo alemán.......

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EUSKERA SOBRE EL GOLFO DE ADEN por Carmen Torres Ripa

EL DR. FRIEDRICH Ernst Beyhl iba a un congreso. Nos conocimos en el avión volando desde Mucala a Aden. Ustedes pensarán ¿y dónde está Mucala? Es una ciudad muy antigua de Yemen al borde del mar. Yo estaba fascinada, ensimismada, intentando clasificar y conservar en la memoria de mi retina el azul marino de las aguas, cuando vi a mi compañero de asiento que me miraba con otro azul más claro. Friedrich es alemán, bioquímico, arqueólogo y «desde que me he jubilado, especialista en lenguas africanas». Viene de la isla yemení de Socotra y va a un congreso en Aden sobre la desertización del planeta. Parece que nos conocemos de siempre. Estar en el aire tiene la magia del tiempo sin reloj. El arqueólogo tampoco tiene años. Nunca he sabido calcular la edad de los caballeros. Tampoco los años me parecen importantes. Me habla en un español claro y bonito:

-«Hace cincuenta años que no utilizaba su idioma. ¿Es usted de Bilbao? -y se lleva la mano a la cabeza sorprendido- ¡pero si yo he empezado a estudiar euskera!».

Y me dice mendi, etxea, agur, izena, zoriona, etorri... y una serie de frases sueltas que parecen bailar irreales entre los pasajeros. Me emociono. Allí, tan lejos, volando sobre el golfo de Aden, oigo palabras euskéricas y me hago amiga de un científico que quiere venir a Euskadi. El mundo se hace chiquito en medio del mar.

Me fijo en el Dr. Beyhl y pienso que ser arqueólogo lleva el destino en los ojos; hasta el físico se acompasa al ritmo de la mente adaptándose a la profesión. El culpable es el cine. Mi nuevo amigo es alto, tiene barba blanca y parece un Indiana Jones maduro. Ha estado siete veces en Yemen y me habla del país, de cómo el tiempo roza con suavidad las casas de adobe, los castillos de las rocas y las piedras del desierto. Su cultura se mece al ritmo de los siglos con la pureza de una fortaleza sin abrir.

Me cuenta cómo es Socotra. No me ha dado tiempo a llegar a ese extraño paraíso. Veo fotos de playas inmensas, perdidas y solitarias en medio de un mar azul añil. Parecen sacadas para una agencia de turismo de lujo. Pero la isla yemení -para un arqueólogo tiene otras peculiaridades que no sabemos valorar los viajeros exóticos.

-«Esta isla está habitada por un pueblo indígena particular, los socotrí, con un idioma propio, que se llama socotrí también, y con tradiciones peculiares. En 1507, cuando llegaron los portugueses y desembarcaron en la isla, los socotrí eran cristianos. Después, durante la ocupación por los árabes musulmanes, por la infiltración árabe, toda la isla tuvo que cambiar de religión. Ustedes conocen que, en la Edad Media, ocurrió un proceso similar en la Península Ibérica».

Le escucho atentamente porque Yemen -igual que su isla Socotra me parece que merece permanecer en sí mismo, al ritmo de los siglos, con la pureza de una puerta sellada. Nunca he sabido si merece la pena abrir los secretos de algunas culturas. Violar su historia, desenterrar el arte... La reina de Saba duerme con sus ciudades en el desierto y... ¿por qué despertarla?

-«En nuestros días -continúa explicándome el Dr. Beyhl-, muchos yemeníes invaden la isla, y el pueblo indígena está actualmente en peligro de perder sus tradiciones y su lengua. También ustedes conocen procesos similares en su propia tierra.

-¿...?

-La diferencia entre los socotrí y los vascos es que, ustedes, los vascos, son conscientes de todo esto y se defienden contra esa invasión. Los pobres de Socotra duermen en la naturaleza hermosa de su isla sin notarlo. Y cuando se despierten de sus sueños, será demasiado tarde para ellos. Desaparecerán todos.

-¿...?

-Para salvar al menos un poco a los socotrí, a sus tradiciones insulares y su naturaleza única, yo vuelvo y vuelvo, mil veces si pudiera, a la isla de Socotra».

Le digo que yo también quiero volver a Yemen. Mi piel se ha quedado ardiente y mi memoria encendida. Tengo que volver para reencontrar la calma que me ha rozado la sensibilidad. Creo que a veces vivimos tiempos mágicos cercanos a la felicidad. Nos damos cuenta de que existieron cuando se han ido.

Este mes de enero he dejado escrita en el aire una nueva carta a los Magos de Oriente: quiero volver a Yemen, poder conocer Socotra y tener como guía al Dr. Beyhl. No soy mujer de propósitos y balances; creo que todos tenemos un equilibrio entre lo bueno y lo menos bueno de nuestra vida. No podemos pretender grandes aventuras, pero cada día estrenamos la existencia, cada segundo es irrepetible y la fantasía tan grande como nuestra imaginación. Siempre, de día y de noche, con frío y con calor, caminamos al paso de un ser que nos lleva. Yahvé, Alá, Mahoma, Siva... qué más da los nombres. Somos como niños pequeños que vamos siguiendo el rastro del destino.

Las palabras a veces son vacías. Es tan extraño hablar de Dios... Quizás nos llegue más fácil la palabra paz. Aparentemente es más humana. ¡Pues luchemos por ella! Olvidemos a los que gritan guerra y embarquémonos juntos en un velero blanco rumbo a la paz.

Por la paz trabaja el Dr.Friedrich Ernst Beyhl en Yemen, y Pablo Neruda decía, poco antes de morir, que la paz llegaba a su tierra con su regreso. Se fue cinco días después de que asesinaran a Salvador Allende. Chile sufrió mucho, y el poeta -como un profeta tardío de la eternidad- dejó escritos unos versos que nos sirven también a nosotros:

''Ahora voy a contarte:/ mi tierra será tuya,/ yo voy a conquistarla,/ no sólo para dártela,/ sino para todos,/ para todo mi pueblo./ Saldrá el ladrón de su torre algún día./ Y el invasor será expulsado./ Todos los frutos de la vida/ crecerán en mis manos./ Acostumbrados antes a la pólvora./ Y sabré acariciar las nuevas flores/ porque tú me enseñaste la ternura».

Paz, belleza, comprensión, amor, perdón... Y después, sueños.

:__)
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8 comentarios

jabier -

Megustan los comentarios que realiza en elperidico deia son correctos y educados

itziar angulo egaña -

querida carmen soy la amatxo de Miriam, desde hace muchos ,pero muchos años algo invisible me une a tí y a tu trayectoria en la vida , sufrí cuando tu sufriste y me he alegrado cuando he sabido que te iba bien en la vida. recibe un abrazo de una portugaluja que te admira

maritere -

Soy argentina,prima de Carmen y admiradora de ella,su libro Leonora es precioso.Me encantò tu relato sobre tu encuentro con ella

Mª Jose -

Comparto tu admiracion por Carmen. Su libro Leonora es mi favorito, lo tengo como un tesoro, cuando mi hija sea mayor se lo daré, para que lo lea y lo conserve siempre y espero que le haga sentir lo mismo que senti yo al leerlo, porque por este libro le puse a mi hija el nombre de Leonora.

placido -

Graciassssssss!!!!!
Parece que pasó el "writing block", pero con algo tan personal que me reconfortan mucho vuestros comentarios, maj@s!!!!! :**********

amidala -

Precioso el articulo placi, enhorabuena!

miguel -

vaya! menos mal que estabas "weblock"! :D que bonito!

Ojalá me pasara lo mismo... esa persona a la que admiro sea amiga de la familia! :)

munlet -

Que bonito artículo! Zorionak!
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