
El comentario de este libro va dirigido a mis compañeras en el Master de Igualdad entre Mujeres y Hombres de la UPV/EHU, y a cualquier lectora o lector interesado en el tema y con conocimientos básicos o escasos sobre teoría feminista. Lo digo porque me ha pasado en otras ocasiones el comentar libros, como por ejemplo los de Anne Rice, y que lector@s más enterad@s que yo me echen la bronca por lo simple de mis afirmaciones. Ya sabemos que cada lector/a construye el libro con su lectura, que no hay dos lecturas iguales, y que lo que yo encuentro en el libro puede ser terriblemente limitado. De modo que, hecha la aclaración, os resumiré lo que yo, con mi inteligencia de maketa, he logrado entender.
Y es que no estamos ante un libro precisamente fácil, sobre todo si no se tienen unos conocimientos básicos sobre filosofía o teoría feminista. Palabras como posmodernidad, ontología, epistemología, o sociobiología aparecen constantemente en un texto muy metafórico, casi poético, que a mi se me antojaba como un paseo en 4x4 por un terreno pedregoso.
Incluso Jorge Arditi, autor del primer capítulo del texto introductorio, reconoce sus dificultades y prejuicios a la hora de enfrentarse al texto de Haraway: “Debo confesar que mi primera reacción al leer a Haraway fue inequívocamente negativa. Siendo blanco, hombre, de clase media, me sentía ofendido por su ira contra el Hombre Blanco, desanimado por lo que inicialmente me pareció un lenguaje excesiva e innecesariamente oscuro, y confrontado con la fuerza de su voz política, que equivocadamente tomé por arrogancia.”
Así que yo no me preocupo, porque Encarni, una de nuestras profesoras del master que además es científica (la obra habla mucho de ciencia y de mujeres en la ciencia), decía que no había entendido casi nada.
Primera parte: Lecturas contrapuestas: Naturalezas narrativas
En el primer capítulo, titulado “La empresa biológica: sexo, mente y beneficios, de la ingeniería humana a la sociobiología”, Haraway hace un repaso de la evolución de la ciencia biológica en el siglo XX para mostrarnos las enormes transformaciones que se han dado en la manera de estudiar la vida (de organismos a genes, de psicobiología a sociobiología). Para ello se centra en la primatología, ciencia que tuvo un extraordinario desarrollo durante el siglo XX gracias a las generosas donaciones de grandes corporaciones norteamericanas, que pensaban que estudiando el comportamiento de los primates podrían hacerse con instrumentos de control eficaces sobre grandes grupos humanos.
En este primer capítulo ya entramos en contacto con el lenguaje irónico y metafórico de Haraway: “Yerkes trabajó para establecer la utilidad de los primates en la interpretación de los seres humanos dentro del capitalismo corporativo científicamente gestionado que se llama naturaleza.” Mediante esta ironía la autora nos advierte de que nuestro concepto de naturaleza es una construcción, primera de las advertencias que harán saltar por los aires algunos de los conceptos que teníamos hasta ahora sobre la ciencia y la naturaleza: “La naturaleza ha sido construida sistemáticamente en términos de máquina capitalista y mercado.”
Porque una de las cosas que pretende hacer la autora, y sobre todo en este capítulo, es desmitificar la ciencia o las historias científicas (el nuevo Dios surgido de la Ilustración), y mostrar sus íntimas conexiones con el poder. Así, nos explica cómo Yerkes, que estudiaba el comportamiento de los primates financiado por la Fundación Rockefeller, “se planteaba la naturaleza y la sociedad en términos de gestión capitalista”, es decir, que concebía la naturaleza “como una categoría que facilita la remodelación de los objetos naturales, incluida la sociedad.”
Sus investigaciones tenían consecuencias para decidir qué era lo que se consideraba una persona sana y madura, con consecuencias, por ejemplo en las “pruebas de inteligencia destinadas a los reclutas, cuyos resultados fueron frecuentemente utilizados para limitar la inmigración y para otros fines racistas.”
En este y en los dos capítulos siguientes, Haraway nos mostrará los dudosos métodos de Yerkes (psicobiología), Wilson y Washburn (sociobiología), en el estudio de los primates. Ellos trataron de demostrar que los comportamientos de dominación por parte de los machos eran algo natural en las manadas, y por lo tanto, entre los seres humanos. “El razonamiento sociobiológico aplicado a las sociedades humanas se desliza fácilmente hacia la fácil naturalización de la segregación en el empleo, de las jerarquías de dominancia, del chauvinismo racial y de la “necesidad” de dominación en las sociedades basadas en el sexo para controlar los aspectos más indecentes de la competición genética.” (pág.109)
Si nos preguntan qué imagen tenemos de una manada de monos, ¿qué nos vendría a la cabeza? Y si imagináramos a grupos humanos de hace 5000 años, ¿qué vemos? ¿Hombres cazando, tal vez? ¿Monos machos haciendo valer su poder sobre hembras y crías? Todo esto se lo debemos a esos científicos norteamericanos.
En el capítulo 3, “La pugna por la naturaleza primate: las hijas del hombre-cazador, 1960-1980”, Haraway explica cómo las “hijas” científicas de los primatólogos más importantes del siglo XX (las discípulas o estudiantes de Washburn, último de los científicos estudiados), subvierten los métodos de estudio sobre los primates para escribir historias diferentes sobre el origen y la vida primate. Porque nos habían contado que la evolución humana tuvo mucho que ver con la caza, especialidad que se consideró masculina. Esa es la imagen que se nos ha quedado a much@s en el inconsciente, y resulta que no es del todo verdadera (la alimentación no dependía sólo de la caza, que se realizaba muy de vez en cuando; el mayor avance vino de la mano de la recolección y de la agricultura, inventada por las mujeres). Se ponen en duda los métodos de observación, los supuestamente infalibles “experimentos”: “Al final, el género es una condición inexcusable de la observación. Como la clase, la raza y la nación.” (pág 177).
Las científicas pues, han entrado en la lucha de discursos sobre los primates para hacer valer su voz: “…las estrategias retóricas y la pugna por establecer los términos del discurso son decisivas en las luchas feministas en el campo de las ciencias naturales”, porque “ser autora es poseer el poder de engendrar, de nombrar.” Frente a algunas feministas “anticientíficas”, que consideran que las manifestaciones científicas no son más que “ficciones históricas convertidas en hechos mediante el ejercicio del poder”, Haraway defiende una verdadera ciencia feminista, que no sea dominadora ni totalizadora y que, consciente de su responsabilidad, tenga algo nuevo decir en la relación entre conocimiento y poder.
El problema es que “las feministas han heredado nuestra historia (o el conocimiento) a través de una voz patriarcal”, y por ello saben “que el poder de nombrar algo es el poder de objetificar, de totalizar.” Algunas voces, como la de Sandra Harding, apuntan a que las mujeres, por nuestra situación histórica y porque no tenemos nada que ocultar (no pretendemos dominar a los hombres, a pesar de que algunos estén convencidos de ello), podemos llegar a una teoría de la objetividad que logre que sujeto y objeto cohabiten sin la dominación amo-esclavo. Aunque Haraway no parece tan convencida, y más tarde nos dará su propia solución a este problema. Porque, de hecho, las feministas ya han hecho uso de ese poder de nombrar, y también de totalizar. De eso se ocupará en parte en los siguientes capítulos. De momento nos da este adelanto de lo que para ella debe ser el feminismo: “El feminismo es, en parte, un proyecto para la reconstrucción de la vida pública y de los significados públicos. Es, por tanto, una búsqueda de nuevas historias y de un lenguaje que nombre una nueva visión de posibilidades y de límites.” (pág.134)
Autor: Matilde Selavy
Fecha: 14/11/2005 17:23.
Autor: esther (si, la del Blog de Loveof74)
Fecha: 15/11/2005 10:57.
Autor: placida
Fecha: 15/11/2005 12:28.
Autor: gatza. !
Fecha: 16/11/2005 10:52.
Autor: ainhoaterca
Fecha: 16/11/2005 22:18.
Autor: Matilde Selavy
Fecha: 17/11/2005 14:48.
Autor: hector
Fecha: 17/11/2005 15:12.
Autor: hector
Fecha: 17/11/2005 15:52.
Autor: amidala
Fecha: 17/11/2005 16:36.
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Autor: placi
Fecha: 18/11/2005 13:04.
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